Agorismo de Mercado Verde

Por: Logan Marie Glitterbomb. Artículo Orginal: Green Market Agorism, 19 de abril de 2019, Traductor: Rickard Mach

La teoría agorista se ha enriquecido enormemente desde que Samuel Edward Konkin III presentara la teoría inicial. A través de los escritos y del trabajo de visionarios como Karl Hess, Ross Ulbricht, Satoshi Nakamoto, Defense Distributed y Derrick Broze; hemos visto cómo el agorismo ha crecido y se ha expandido de formas que nunca se creyeron posibles, tanto a nivel intelectual como en la práctica. Y esta práctica seguirá creciendo y adaptándose a medida que pase el tiempo, cambien las circunstancias, surjan nuevas tecnologías, etc., tal y como debe ser.

Mientras que Samuel Konkin se centró específicamente en los mercados negros y grises, Hess se centró en la localización, la tecnología apropiada y la sostenibilidad. Broze ha ampliado esta perspectiva en los últimos años, refiriéndose a los conceptos de agorismo horizontal y vertical. El agorismo horizontal es el agorismo ilegalista konkiano tradicional que todos conocemos y amamos. Eso incluye las huelgas fiscales, el tráfico de drogas, el trabajo sexual, el tráfico de armas, el contrabando, el ocultamiento de inmigrantes indocumentados, etc. El agorismo vertical suele centrarse más en los mercados blancos y grises e incluye aspectos como los mercados de agricultores, las cooperativas de trabajadores, la tecnología medioambiental, la organización sindical de base, etc.

Es precisamente en la tradición agorista vertical donde solemos mostrar una mayor preocupación por el medio ambiente. Los experimentos de Karl Hess sobre la sostenibilidad comunitaria le llevaron a promover iniciativas como la acuaponía, la jardinería en azoteas, la piscicultura en sótanos, la energía solar y eólica, los talleres comunitarios, los almacenes, los cobertizos compartidos, las bibliotecas de herramientas y mucho más. Ampliando especialmente este último aspecto, la economía colaborativa ha surgido en torno a la idea de compartir bienes que, de otro modo, no serían utilizados a pleno rendimiento por un único propietario. Broze ha hecho hincapié en el principio de la séptima generación y en conceptos como la vida sin residuos en sus enseñanzas sobre el agorismo, y promueve la jardinería comunitaria, la permacultura, el minimalismo y otras prácticas similares. Dada la creciente preocupación por la devastación medioambiental, este enfoque será cada vez más necesario.

Siguiendo la inspiración de Broze, si se analiza el agorismo de forma holística, no podemos centrarnos únicamente en el momento del consumo, sino que debemos centrarnos en todo el ciclo de vida de un producto. Tal y como se señala en The Story of Stuff (la historia de las cosas), esa cadena va desde la extracción hasta la producción, pasando por la distribución y el consumo, para terminar finalmente con la eliminación de residuos. A través de esta perspectiva holística, vemos que debemos dar el salto hacia una economía circular. La mayoría de los agoristas ya siguen esta línea de pensamiento en lo que respecta a la producción alimentaria, promoviendo la producción y distribución local, ecológica y sostenible de alimentos a través de huertos domésticos, huertos comunitarios, huertos guerrilleros, huertos en azoteas, pequeñas granjas, permacultura, mercados de agricultores, CSA, compostaje y similares; sin embargo, como movimiento, debemos pensar en el resto de los productos que consumimos en nuestras vidas.

Como dice el viejo refrán: “No existe el consumo ético bajo el capitalismo”, y lo cierto es que, en nuestro mercado actual, amañado, a nosotros, como consumidores, se nos mantiene en gran medida y de forma deliberada desinformados sobre los productos que consumimos. El agorismo, especialmente cuando hace hincapié en el localismo, nos ofrece una alternativa más eficaz al consumo ético. Comprar productos locales a tus vecinos facilita en cierta medida conocer la historia de dichos productos, lo que te convierte en un consumidor más informado capaz de tomar decisiones más fundamentadas. Sin embargo, no todos los artículos se pueden encontrar a través de una fuente local y, aun así, esas fuentes locales suelen utilizar otros productos en su proceso de producción. Por ejemplo, tu serigrafista local puede que lo haga él mismo, pero sigue imprimiendo en camisetas que ha comprado a alguna cadena corporativa, fabricadas en talleres clandestinos por mano de obra infantil a partir de fibras sintéticas y vegetales cultivadas y cosechadas por presos en condiciones de esclavitud, y teñidas con tintes sintéticos nocivos que se filtran a las aguas cercanas, causando contaminación y la muerte de la fauna marina local. Incluso si logran encontrar proveedores que alegan criterios éticos debido a diversos aspectos de su producción (orgánico, comercio justo, fabricado por sindicatos, etc.), siempre surgen otros problemas (robo de salarios, monocultivos, presión política, etc.). Pero existe una solución para conseguir casi todo lo que necesitas y que no puedes comprar a un productor ético sin aportar ni un céntimo a estas corporaciones.

Como agoristas, solemos hablar a menudo de los mercados blancos, negros, grises y rojos, pero hay un mercado que brilla por su ausencia y que, sin embargo, cobra cada vez más relevancia en el debate: los mercados verdes. Ahora bien, cuando hablo de mercado verde, no me refiero al cannabis, ni a las energías alternativas ni al consumismo engañoso con lavado verde. Más bien, los mercados verdes abarcan todas las transacciones de los mercados blancos, grises y negros relacionadas con la reventa de bienes, es decir, bienes que han tenido un propietario anterior y que han sido reparados, restaurados o reciclados. Esto incluye tiendas de segunda mano, intercambios de ropa, talleres de reparación, ferias de bricolaje, el movimiento “Right to Repair” (derecho a reparar), recambios de coches de segunda mano, la redistribución de bienes recuperados de los contenedores de basura al estilo de “Food Not Bombs” (comida, no bombas) y mucho más.

Reparar objetos, comprarlos o intercambiarlos con amigos, adquirirlos en tiendas de segunda mano y mercadillos locales, participar en programas de reciclaje eficaces, así como reutilizar y dar un nuevo uso a los artículos, son todos ejemplos de agorismo de mercado verde. Es cierto que esto sigue centrándose únicamente en los aspectos de distribución, consumo y, en ocasiones, eliminación de un producto a lo largo de su ciclo de vida, sin abordar directamente los aspectos de extracción y producción; sin embargo, adquirir los productos en el mercado verde reduce la demanda de extracción y producción de nuevos bienes. Reducir a escala nuestros modos de producción actuales en general es necesario para frenar el daño medioambiental y, por lo tanto, es imprescindible avanzar hacia la reducción, la reutilización, la reparación, la reconversión y el reciclaje. Pasarnos a los mercados ecológicos nos brinda la oportunidad de analizar nuestro consumo y darnos cuenta de hasta qué punto podemos recurrir a lo que ya está disponible en lugar de tener que producir constantemente. Por supuesto, siempre habrá artículos que tendrán que ser comprados nuevos, como los productos de higiene y las nuevas tecnologías, pero recurrir principalmente a los productos del mercado ecológico nos permite reducir el problema de los métodos éticos de extracción y producción a un nivel más pequeño y manejable. En lugar de tener que centrarnos en cómo producir éticamente cada producto, solo tenemos que centrarnos en cómo extraer y producir de forma ética los productos de primera necesidad.

De repente, estas preguntas se vuelven más fáciles de responder y podemos empezar a centrarnos en cómo producir esos productos de primera necesidad. Podemos empezar a fabricar nuestros propios productos de higiene a partir de materiales vegetales cultivados localmente, imprimir cepillos de dientes y peines en 3D utilizando fibra obtenida a partir de residuos plásticos y los diseños de máquinas de código abierto de Precious Plastic, luchar por los derechos laborales de los mineros de los metales preciosos que se utilizan en esas impresoras 3D y formar cooperativas de trabajadores para montar las piezas, crear programas de reciclaje más eficaces para los residuos que aún generamos, y mucho más. Podemos ser extremadamente creativos al respecto. Pero primero, debemos reducir la magnitud del problema reduciendo nuestro consumo de artículos nuevos. Debemos convertirnos en agoristas del mercado verde.

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