La Privacidad en 2014: La Fábula del Acaparador
The following article is translated into Spanish from the English original, written by Thomas Knapp.

Desde hace unos años, los «acaparadores» – personas que acumulan montones y montones de cosas, hasta que éstas se apoderan de ellos – se han convertido en un tema muy popular en las noticias y en los reality shows. El consenso convencional parece ser que los «acaparadores» son enfermos mentales, o al menos socialmente anormales, y que necesitan que «se les ayude», o al menos que se les impida amasar enormes montones de cosas. Personalmente discrepo con la idea de usar la fuerza para combatir el «acaparamiento», pero creo que hay algo útil como alegoría en el fenómeno.

Una vez conocí a un tipo que se adaptaba a la descripción general de «acaparador». Coleccionaba… bueno, de todo. Durante los años que lo conocí, su casa se ​​llenó de «antigüedades» (léase cualquier pieza de mobiliario con más de unos pocos años de edad), «ordenadores clásicos» (léase aparatos electrónicos obsoletos), y pilas y pilas de viejos periódicos y revistas.

Mi amigo no sufría en absoluto de falta de voluntad para organizar su vida. También coleccionaba cosas que le ayudaban a organizarse – contenedores de almacenamiento, estantes con casilleros para categorizar objetos pequeños, libros sobre cómo «tomar el control» de hogares desorganizados. Por desgracia, todo lo que hizo con esas cosas fue… bueno, coleccionarlas. Se apilaban sobre los periódicos, a su vez apilados sobre los aparatos electrónicos obsoletos, que se apilaban sobre los viejos muebles. Ah, y también coleccionaba gatos. Montones y montones de gatos. Lo que significaba que todos esos montones de cosas estaban cubiertas de pelo de gato, bolas de pelo de gato, y otros restos de materia que producen los gatos. Tenía muchísimas cosas. La mayor parte era probablemente inútil, arruinada por su hábito de acumular, si es que alguna vez había servido para algo en absoluto.

Él nunca llegó a organizarse, y estoy seguro de que cuando falleció, sus hijos adultos (que habían crecido y marchado de casa antes de que él desarrollara su trastorno, si es que se trataba de un trastorno) pasaron un buen rato limpiando la casa y escarbando para encontrar algún objeto de valor.

Me acordé de mi viejo amigo al tropezarme con una noticia sobre los problemas de la NSA para hacer algo útil con los datos que recoge a través de sus operaciones de vigilancia inconstitucional («La NSA No Puede Descifrar Patrones de la Data que Recolecta», Antiwar.com, 26 de diciembre de 2013).

Creo que muchos de nosotros – sí, yo incluido – puede que hayamos visto el culebrón del espionaje ilegal de la NSA, revelado en los últimos meses por el disidente Edward Snowden, desde la perspectiva equivocada. Nos hemos empeñado en interpretarlo en términos orwellianos: Un estado omnisciente que fortalece su control sobre la población mediante el seguimiento de todos nuestros movimientos, cada una de nuestras compras, cada uno de nuestros estados de cuenta electrónicos.

Pero ahora estoy empezando a pensar que lo que estamos viendo en realidad puede ser el equivalente de la obsesión de mi amigo el acaparador.

En la medida en que la tendencia a acumular posesiones pueda ser un síntoma de problemas mentales, sospecho que su génesis se encuentra en una percepción de pérdida de control de la vida propia. La adquisición de montones y montones de cosas es un intento de reafirmar ese control – de actuar, de hacerse cargo.

Me parece que el afán de acumular datos la NSA revela el mismo tipo de temores. No es un Estado todopoderoso afirmando su poder y control. Más bien es un fallido, tembloroso y temeroso estado intentando desesperadamente recuperar sus poderes perdidos.

Al igual que el acaparador no entiende que sus cosas lo están controlando más que él controlándolas a ellas, la NSA no logra asimilar el hecho de que el anárquico orden mundial emergente – redes distribuidas de pares voluntarios e igualmente empoderados – determinará el futuro de los gobiernos jerárquicos y centralizados; no al revés.

Eso no quiere decir que el gobierno y sus espías no sean peligrosos, pero se están haciendo cada vez más y más peligrosos para ellos mismos, y menos peligrosos para el resto de nosotros. Sus pilas de periódicos están goteando la orina de gato sobre el polvo acumulado en sus obsoletos aparatos electrónicos, pudriendo la subestructura de muebles viejos. Eventualmente, el armatoste entero se les caerá encima.

Artículo original publicado por Thomas L. Knapp el 3 de enero de 2014.

Traducido del inglés por Carlos Clemente.

Citations to this article:

Free Markets & Capitalism?
Markets Not Capitalism
Organization Theory
Conscience of an Anarchist