El Dinero Está Muy Caro y Muy Barato al Mismo Tiempo

The following article is translated into Spanish from the English original, written by Kevin Carson.

Es irónico que los delirantes monetarios de izquierda, como yo, y los delirantes monetarios de derecha, como los fanáticos del oro seguidores de von Mises, les cueste tanto llevarse bien. Los izquierdistas, o bien todos los que seguimos la tradición de William Greene y Benjamin Tucker, argumentamos que el monopolio estatal del dinero le permite a la banca cobrar un precio monopólico por el crédito, y de esa manera mantiene artificialmente altos los costos de acceso al capital para los trabjadores. El resultado es que los medios de producción se tornan artificialmente caros y escasos, lo que coloca a los trabajadores en una posición de negociación desventajosa respecto a sus empleadores.

Los derechistas argumentan que el sistema de banca central abarata artificialmente el crédito, que es la causa fundamental de que la economía esté dominada por los sectores bancario, de seguros y de bienes raíces, y de que sea tan propensa a las burbujas. Acusan a izquierdistas como nosotros de sufrir “delirios monetarios” (a pesar de que desde el punto de vista de los economistas convencionales, ellos son tan delirantes como nosotros) y de querer crear prosperidad a partir de la creación de dinero inorgánico inflacionario.

Pero no es así. Aún cuando Murray Rothbard, discípulo de von Mises, fue uno de los que despreció las propuestas de banca mutual por considerarla inflacionaria, ésta se basa en una crítica del monopolio monetario idéntica a la crítica que Rothabrd hizo del monopolio en la industria del seguro de vida. Según él, las regulaciones estatales imponen requerimientos de capitalización mucho más altos de lo que se necesitarían por consideraciones puramente actuariales, funcionando como una barrera a la entrada que reduce el número de empresas competidoras en la industria y les permite cobrar un prima monopólica de precio a sus clientes.

Eso es exactamente lo que hacen las leyes estatales de licenciamiento bancario: Imponen requerimientos mínimos de capital incluso para los bancos que sólo emiten créditos respaldados por colateral. Ésto significa que es ilegal que un grupo de personas comunes y corrientes formen una cooperativa bancaria que emita poder de compra respaldado por las propiedades de sus miembros, sin interés, al menos que éstos sean capaces de recaudar millones de dólares para constiuír las reservas de capital. Por ésto, no les queda otra que pagarle una tasa de interés monopólica a un banco capitalista que emite crédito respaldado por sus propiedades.

Y cualquier emprendimiento que implique emitir crédito respaldado por ingresos futuros sin mantener reservas de capital, como las redes de crédito mutual propuestas por Tom Greco, corre el riesgo de ser clausurado por “carecer de licencia” (aunque tengo la esperanza de que pronto puedan operar con impunidad encubiertos por darknets encriptados).

El dinero emitido por los bancos capitalistas es inorgánico, creado de la nada, como bien lo dicen los derechistas. Cuando la Reserva Federal reduce los requerimientos de reserva bancaria, aumenta la cantidad de dinero que los bancos pueden crear a costo cero, y prestar cobrando interés. Por ésto es que el dinero es artificialmente barato de producir para el cartel bancario privilegiado que lo crea, pero al mismo tiempo, es artificialmente caro para aquellos que dependen de los bancos como fuente de crédito. Gracias a las leyes estatales de moneda de curso legal y la imposición de licencias bancarias, los bancos están en una posición monopolística, con el poder de cobrar interés sobre dinero que crean de la nada y sin incurrir en absolutamente ningún costo adicional.

El precio que cobran no tiene ninguna relación con el costo de proveer sus servicios. Ésta es la peor de todas las posibles combinaciones de resultados que pueden surgir en un sistema monetario estatista. Si el estado crea oferta monetaria de la nada, sería mucho menos destructivo que simmplemente lo depositase en las cuentas corrientes de la gente sin cobrar ningún interés (como lo proponen los promotores del Crédito Social), o si lo gastase en compras de bienes y servicios. Pero no: El estado crea dinero de la nada, pero delega la tarea en una clase de parásitos privilegiados que cobra precios de usura por llevarla a cabo. Es un perfecto ejemplo de lo que los derechistas de falso “libre mercado” (como lo es la gente del AEI, Heritage y el Adam Smith Institute) llaman “privatización” en un sistema estatista, consistente en sumar un estrato adicional de bocas nominalmente “privadas” que alimentar, por encima de los burócratas estatales. En términos prácticos, el componente privado de esas “asociaciones público-privadas” es simplemente una parte más del estado.

Así que en realidad, tanto los delirantes monetarios de izquierda como los de derecha tienen la razón. ¡Que el amor florezca entre todos los delirantes monetarios!.

Artículo original publicado por Kevin Carson el 26 de abril de 2011.

Traducido del inglés por Carlos Clemente.

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