Center for a Stateless Society
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Contra el Periodismo “Objetivo”

The following article is translated into Spanish from the English original, written by Kevin Carson.

El modelo convencional de “objetividad” en el periodismo profesional (conocido también como “él dijo, ella dijo” y “estenografía”), practicado hoy día en los medios impresos, se basa en las ideas de Walter Lippmann.

Tal como lo describió Christopher Lasch en “La Rebelión de las Élites”, la visión de Lippman de la sociedad y el gobierno en general era que las

“…cuestiones sustantivas puedan dejadarse en las seguras manos de los expertos, cuyo acceso al conocimiento científico los inmuniza contra los ‘símbolos’ emocionales y ‘estereotipos’ que dominaron el debate público.”

Su influencia en el periodismo del siglo veinte, en particular, logró destruir la función original de los periódicos en el siglo diecinueve como centro del debate democrático.

“Los periódicos podrían haber servido como extensiones de las reuniones pueblerinas. Sin embargo abrazaron un ideal equivocado de objetividad y postularon que su misión era la circulación de información confiable…”

Lasch creía que el ideal de la objetividad estaba equivocado porque ignoraba la naturaleza dialéctica de la verdad:

“Lo que la democracia necesita es un vigoroso debate público, no información. Por supuesto, también necesita información, pero la clase de información que necesita puede ser generada solamente gracias al debate. No sabemos qué necesitamos saber hasta que efectuemos las preguntas correctas, y podemos identificar las preguntas correctas solamente sometiendo nuestras propias ideas acerca del mundo al examen de la controversia pública. La información, usualmente vista como condición previa al debate, se entiende mejor si la consideramos como subproducto del mismo. Cuando nos enfrascamos en argumentos que enfocan y comprometen completamente nuestra atención, nos volvemos ávidos buscadores de información relevante. De lo contrario absorvemos la información en forma pasiva, si es que la llegamos a absorver en absoluto.”

***

“Lippmann olvidó lo que aprendió (o debió aprender) de William James y John Dewey: que nuestra búsqueda de información confiable está en sí guiada por las cuestiones que surgen durante el debate respecto a un curso de acción dado. Es solamente sometiendo nuestras preferencias y proyectos al examen del debate que llegamos a entender lo que sabemos y lo que todavía necesitamos aprender… Es por el acto de articular y defender nuestras maneras de ver las cosas que logramos elevarlas de la categoría de ‘opiniones’… Osea, llegamos a conocer nuestras propias mentes solamente explicándonos a los otros.”

La prensa partidista del siglo diecinueve es el ejemplo clásico de la emergencia de la verdad a través de la dialéctica, o el proceso deliberativo. “Sus periódicos [los periódicos partidistas del siglo diecinueve de Greeley, Godkin, etc. ] eran diarios de opinión en los cuales el lector esperaba encontrar un punto de vista definido, junto con la implacable crítica de puntos de vista distintos.” La visión de Lippmann sobre el mundo, al contrario, podría describirse como una “teoría del conocimiento del espectador”.

Existen serios problemas con el modelo “él dijo, ella dijo” del “reportaje objetivo”. Como lo describió Justin Lewis en el Project Censored Yearbook 2000,

“Las normas del ‘reportaje objetivo’ implican presentar ‘los dos lados’ de un asunto con muy poco contenido en cuanto a formas independientes de verificación… [Un] periodista que sistemáticamente intenta verificar los hechos -decir cuál conjunto de hechos es más preciso- corre el riesgo de ser acusado de abandonar su objetividad al favorecer un lado más que al otro…

…Los periodistas que intenten ser fieles a un modelo objetivo de reportaje se están distanciando simultáneamente de la noción de verdad verificable en forma independiente…

… El modelo de objetividad periodística de ‘los dos lados’ hace que el reportaje de noticias sea mucho más fácil, dado que no exige acceder a una esfera factual. No existen hechos a verificar, no hay archivos de información no hablada que hay que ordenar… Si Tararí falla en desafiar una afirmación hecha por Tarará, la afirmación permanece sin ser desafiada.”

Con respecto a este último punto, Steven R. Weisman del New York Times defendió explícitamente como correcto y apropiado el hecho de que los periodistas mainstream no plantearían independientemente un hecho que no fuese planteado por la parte opuesta. Según Brent Cunningam:

“Los republicanos estuvieron diciendo solamente lo que era conveniente, de ahí lo que ‘él dijo’. La cúpula de los demócratas dijeron poco, así que no hubo un ‘ella dijo’. ‘Los periodistas nunca van a llenar el vacío dejado por una oposición política débil’, dice Steven R. Weisman del The New York Times.

Lo mismo decía el antiguo asistente de editor administrativo del Washington Post Karen DeYoung:

“Somos inevitablemente los portavoces de cualquier administración que esté en el poder… Si el presidente se para y dice algo, nosotros informamos lo que dijo el presidente.”

¿Se entendió? Así que si un funcionario oficial se para y dice que la luna está hecha de queso verde, un periódico no está obligado a desafiar esta afirmación.

Eso significa que cuando la “oposición” es tan cobarde y contemplativa como los demócratas han sido con respecto a Irak en los últimos seis años, el público está esencialmente jodido con respecto a la información que podría desafiar la visión de la realidad de la administración.

Mi exposición favorita a este modelo de “periodismo” fue hecha por Rob Corddry de The Daily Show:

STEWART: Esto es lo que más me desconcierta, Rob. Los antecedentes de John Kerry en Vietnam están exactamente ahí, en los registros oficiales de los militares de EEUU, ¿y no han sido [sic] cuestionados por 35 años?

CORDDRY: Así es, Jon, y es ciertamente el ángulo que escucharás desde la campaña de Kerry a lo largo de los próximos días.

STEWART: E-eso no es una cuestión de caras de monedas, es un hecho. Está establecido.

CORDDRY: Exacto, Jon, y ese hecho establecido y sin controversias es un lado de la moneda.

STEWART: ¿Pero eso debería, no es ese el fin de la historia? O sea, has visto los registros, ¿no es cierto? ¿Cuál es tu opinión?

CORDDRY: Disculpe, ¿mi opinión? No, no tengo “o-pi-nio-nes”. Soy un reportero, Jon, y mi trabajo es pasar la mitad del tiempo repitiendo lo que dice un lado, y la mitad del tiempo repitiendo lo opuesto. Pequeño detalle llamado “objetividad” – querrá averiguar sobre ello algún día.

STEWART: ¿Acaso la objetividad no significa pesar objetivamente la evidencia, y gritar a los cuatro vientos lo que es creíble y lo que no?

CORDDRY: Bueno, bueno, bueno – ¡suena como que alguien quiere que los medios actúen como filtro! [con voz aguda, afeminada] “Ooh, ¡este alegato es espúreo! ¡Con relación a la investigación esta afirmación carece de cualquier base en la realidad! Mmm, mmm, mmm.” Escúcheme amigo: no es mi trabajo situarme entre la gente que me habla y la que me escucha.

El periodismo convencional, en un intento inútil de parecer “menos tendencioso”, evita reportar mucha información de interés periodístico, en el sentido de que podría arrojar luz sobre la versión oficial de las cosas.

Digo que el intento es “inútil” porque en la práctica esto significa que el periodismo mainstream termina promoviendo acríticamente una opinión que no ha examinado.

El periodismo convencional está inconscientemente sesgado hacia la versión oficial de la realidad. El modelo “ambas versiones”, escribió Brent Cunningham,

exacerba nuestra tendencia a confiar en fuentes oficiales, que es la manera más fácil, la más rápida de conseguir tanto un “ella dijo” como un “él dijo”, y así, “balancear”. De acuerdo a los números del analista de medios Andrew Tyndall, de las 414 historias sobre Irak, transmitidas en la NBC, ABC, y CBS desde setiembre a febrero últimos, con excepción de treinta y cuatro, todas fueron originadas en la Casa Blanca, en el Pentágono y en el Departamento de Estado. Así es que terminamos con demasiada de la verdad ‘oficial’.

Más importante aún, la objetividad nos vuelve cautelosos de aparentar debatir con el presidente – o el gobernador, o el CEO – y arriesgarnos a perder nuestro acceso…

Finalmente, la objetividad vuelve a los reporteros vacilantes a inyectar asuntos en las noticias que no estén planteados con antelación. ‘Las noticias están impulsadas por el zeitgeist,’ dice Jonathan Weisman, ‘y si un asunto no es parte del zeitgeist corriente entonces será difícil de vender para los editores.’ ¿Pero quién impulsa el zeitgeist, al menos en Washington? La administración.

La última vez que vi las cifras, cerca del 40% de la longitud de las columnas de los periódicos se derivaba de material generado por voceros públicos, comunicados de prensa, y departamentos de RRPP.

Otra versión del mismo fenómeno son los reporteros de servicio de cable escribiendo historias sobre eventos en el extranjero desde las habitaciones de sus hoteles, usando folletos de la embajada americana. Un buen ejemplo es la cobertura que la Associated Press hizo del golpe contra Chávez en la primavera del 2002 en Venezuela. Luego de la remoción de Chávez, la Casa Blanca se empantanó con el punto de que había “renunciado”, y sus perritos en la Associated Press se la tragaron fielmente.

Indymedia y Narco News Bulletin, mientras tanto, reportaron que Chávez no había renunciado, y que se lo mantenía incomunicado.

Cuando la gente de Venezuela, por una vez, logró desbaratar la voluntad de los Killer Klowns y los hombres del dinero sangriento en Washington, y repusieron a Chávez, ¿adivinen qué? Resultó que la Casa Blanca y sus títeres de la Associated Press habían estado mintiendo, e Indymedia y NarcoNews estaban diciendo la verdad.

Las observaciones anteriores de Cunningham respecto a la pérdida de acceso están lejos de ser hipotéticas. Considérese, por ejemplo, la reacción del Pentágono con respecto al reportero Tom Ricks del Washington Post:

En sus más de dos décadas cubriendo a los militares, Ricks desarrolló muchas fuentes, desde condecorados hasta soldados rasos. Esto, de acuerdo al Pentágono, es un problema.

La carta de queja del Pentágono dirigida al editor ejecutivo del Washington Post, Leonard Downie, estaba escrita en lenguaje acusatorio, diciendo que Ricks tejió su red tan ampliamente como fuera posible y enviaba e-mails a mucha gente.

Fue difícil acceder a detalles de las quejas. Un funcionario del Pentágono dijo en privado que Ricks no daba suficiente crédito a los comentarios oficiales que iban en contra del ángulo de sus historias.

Pero la indignación no está limitada a los círculos oficiales. Se extiende al mismo periodismo del establishment. The New Republic, la Santa Sede del tipo de gerencialismo estilo Croly que desprecio, llegó tan lejos como para contrastar “objetividad” con “verdad” (en perjuicio de la última, por supuesto). Acusó a los blogueros de

“…perseguir la Verdad sin los grilletes de la objetividad… Los medios mainstream hacen un serio (aunque a veces fallido) esfuerzo de alcanzar un entendimiento neutral de los eventos, y esa es la fuente de una autoridad y prestigio que incluso sus más severos críticos… deben respetar…”

Algunos apologistas de los viejos medios gustan de acusar a los blogueros de aprovecharse del trabajo investigativo de los periodistas tradicionales. Sostienen que los blogueros solo están reproduciendo material de los medios noticiosos de la vieja guardia, o usando material generado por reporteros profesionales.

Y aquí probablemente haya algo de cierto: el periodismo de internet tiene, de lejos, muchos menos reporteros de-a-pie haciendo el trabajo raso del periodismo, construyendo meticulosamente listas de contactos, etc., y probablemente siempre será así. Es bastante cierto que los blogs, en un grado considerable, reproducen o reescriben noticias tradicionales; he visto muchos ejemplos de eso.

Sin embargo, creo que la crítica no es justa, porque falla en entender lo que los blogs hacen con la información que obtienen de otros lugares. Los blogs no se limitan a reporducrila o reescribirla.

La Web parece estar separando cada vez más la tarea funcional de reportar de los viejos roles de agreagación de los periódicos y su staff editorial. El reportaje efectuado por la gente en el campo puede ahora ser compilado y agreagado en mil lugares distintos.

Los blogueros y los periódicos online, en muchos casos, probablemente no son ni de cerca tan buenos como los periódicos tradicionales cuando se refiere a estructurar el capital humano directamente implicado en el reportaje. Pero son mucho mejores que los periódicos en seleccionar de todo el reportaje disponible, juntando el material en bruto, y hablando de lo que significa. En otras palabras, si los periodistas tradicionales son mejores juntando la información, los bloggers son mejores en hacer algo con ella.

El periodismo producido por pares y en red puede usar el producto de reporteros establecidos, con sus contactos, como un larillo del edificio; pueden darle al material en bruto generado por periodistas “profesionales” un mejor uso. Un bloguero típicamente enlazará con la afirmación oficial de un vocero público, y lo citará extensivamente. Un periodista tradicional también haría otro tanto. Pero el bloguero pondrá la afirmación en contexto vinculándolo a un amplio rango de noticias reportadas de numerosas fuentes mediáticas tradicionales, incluyendo las noticias presentes que directamente contradicen la versión oficial de la realidad, o a afirmaciones oficiales pasadas que directamente contradicen lo que el gobierno está diciendo ahora. Un bloguero no tiene miedo de manifestar tirando la casa por la ventana el hecho, por ejemplo, de que el presidente esté mintiendo.

En otras palabras, los blogueros son los nuevos periódicos. En la mayoría de los casos no hacen el trabajo de-a-pie de reportar por ellos mismos, o de generar el material en bruto. Pero lo recopilan e interpretan en formas que los periódicos deberían hacerlo, pero no lo hacen. La infraestructura humana del reportaje tradicional es un ejército magnífico. Pero como Lincoln dijo a McClellan, “si no tienes pensado hacer algo con ese ejército, ¿puedes prestármelo?”.

La prensa partidista del siglo diecinueve es mucho mejor que el modelo de falsa neutralidad del siglo veinte, con su actitud crédula hacia las afirmaciones oficiales. Ese modelo de periodismo estaba basado, como dijo arriba Lasch respecto a Godkin y Greeley, en la comprensión de que la verdad emerge de la dialéctica, del proceso de opuestos. La manera de llegar a la verdad es aplicar la lógica a los hechos y hacer el mejor alegato por la realidad que puedas, tal como la ves. Cualquier sesgo en tu caso será implacablemente examinado por otros usando la lógica y la evidencia para preparar su propio argumento.

Cuando un bloguero presenta una versión unilateral de la realidad, ¿adivina qué pasa? Es enlazado por un bloguero opositor, que entonces pone su versión unilateral en perspectiva, vinculándola con la información que no fue considerada.

Es únicamente a través de un proceso adversarial de este tipo, junto con la eliminación de todas las barreras de entrada al mercado de ideas, que toda la verdad puede emerger. Esta manera es ciertamente mejor que un deliberado simulacro de estupidez, pretendiendo no ver lo que te está mirando fijamente a la cara, por miedo a que los hechos puedan mostrar que la realidad misma está sesgada.

Artículo original publicado por Kevin Carson el 2 de abril de 2008.

Traducido del inglés por Sergio Escobar, editado por Alan Furth.