Center for a Stateless Society
A Left Market Anarchist Think Tank & Media Center
Agresión

Ésta es la segunda entrada de una serie escrita por Alan Furth como asignatura en un curso sobre introducción al anarquismo en el Centro para una Sociedad sin Estado (C4SS). Para la primera entrada, hacer click aquí. Para la tercera, aquí.

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Para mí, la agresión es la iniciación de violencia hacia una persona o su propiedad. Iniciar una pelea a los puños, robar, cometer un fraude o lanzar una guerra de conquista son casos obvios de agresión, y obviamente distintos de otras formas de influencia negativa sobre los demás. Puede que a uno le moleste que su vecino escuche música a todo volumen durante la noche, que le repugnen los modales en la mesa de la persona con la que uno esté cenando, o que le horrorice la adicción a la pornografía del prógimo. Pero difícilmente podría argumentarse que uno se siente agredido en ninguno de éstos casos. Esa ha sido siempre mi opinión sobre estos temas, por lo que fue una sorpresa agradable encontrar que coincide con la posición anarquista al respecto.

La difinición de lo que constituye una agresión se ve influenciada por cuestiones culturales. Supongamos que los miembros de una nación hipotética consideran de manera unánime, y por razones religiosas, que el adulterio es una aresión, y que por lo tanto condonan la acción violenta que cualquier persona pueda cometer contra un cónyugue adúltero, entendiéndola como legítma autodefensa.

Esta práctica es claramente inaceptable desde una perspectiva anarquista. Pero además, el anarquista nos instaría a estudiar cuidadosamente a esa nación para determinar si en realidad sus ciudadanos condonan unánimemente la agresión contra el adulterio, o si se trata de que un subgrupo de ellos controla al estado y lo usa para imponer agresivamente ésta idea a los demás.

Por otro lado, el anarquista nos diría que a pesar de tratarse de una práctica moralmente inaceptable, la intervención de un estado extranjero en dicha nación, con el objetivo declarado de acabar con dicha práctica, generaría más problemas que los que puede resolver. Nos diría que la misión podría fácilmente ser capturada por los que controlan el estado en la nación invasora para convertirla en una agresiva aventura de conquista que los beneficiaría a elllos a expensas de los ciudadanos tanto de la nación invasora como de la invadida. En una situación extrema como el holocausto Nazi de la Segunda Guerra Mundial, el anarquista apoyaría la invasión aliada de Alemania por razones exclusivamente pragmáticas, ya que en un mundo en el que los estados han logrado monopolizar el poder militar, puede que un estado sea la única entidad capaz de parar las horrorosas masacres perpetradas por cualquier otra de ellas. Pero incluso en esa situación, el anarquista mantendría una postura vigilante ante la posibilidad de que el estado invasor terminase utilizando la situación para fines políticos innobles.

Los anarquistas están particularmente interesados en estudiar una manera aún más fundamental en la que se relacionan el concepto de agresión y la cultura de una nación: la maquinaria propagandística usada por los estados para manipular la manera en que la gente percibe ciertas acciones agresivas como autodefensivas. La actual invasión de Iraq y Afganistán liderada por los Estados Unidos fue agresivamente publicitada por los invasores como una defensa legítima ante una inminente ola de ataques terroristas que serían patrocinadas por los estados de las naciones invadidas. Y la gente fue especialmente receptiva a ese argumento debido al trauma producido por los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en la ciudad de Nueva York.

Grandes empresarios trabajan de la mano de políticos en el mundo entero para promover la versión neoliberal del “libre mercado”, cuando en realidad lo que buscan imponer es un agresivo sistema de subsidios, licencias, patentes y otras formas de privilegio estatista que concentra el poder económico en unas pocas empresas en cada industria para el detrimento de trabajadores, consumidores y contribuyentes. Para un ejemplo sumamente incisivo y actual que ilustra el abuso propagandístico del estado para ocultar simultáneamente sus prácticas imperialistas y de privilegio a empresarios domésticos bien conectados, ver este reciente artículo escrito por Glenn Greenwald sobre el rol de los Estados Unidos en la crisis egipcia.