Center for a Stateless Society
A Left Market Anarchist Think Tank & Media Center
Exploración Anarquista

Ésta es la primera de una serie de entradas escritas por Alan Furth como asignaturas en un curso de introducción al anarquismo en el Centro para una Sociedad sin Estado (C4SS). Para la segunda entrada, hacer click aquí.

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Hace algo más de un año terminé una especie de año sabático que me tomé para no hacer absolutamente nada aparte de descansar, recargar las pilas, y aclarar bien qué es lo que realmente quería hacer con mi vida.

Una de las pocas cosas que sí hice durante ese año fue comenzar a practicar Tai Chi Chuan, Nei Kung y meditación taoísta. Y ahora que sé un poco más sobre el tema, estoy seguro de que tuvo un impacto importantísimo en mi evolución desde entonces.

Para los antiguos maestros chinos, el despertar político complementaba al despertar moral y espiritual. Veían en las artes marciales más que una herramienta en esa forma extrema de conflicto político que es la guerra: también eran un vehículo para alcanzar un estado superior de conciencia, de conexión con el cosmos que espontáneamente moldearía un carácter virtuosos en el guerrero. Lo llamaban el estado de la “acción si esfuerzo” (wu-wei), que a su vez era considerado como la clave para la armonía socioplítica, la paz y la prosperidad de los pueblos.

De hecho, empecé a practicar Nei Kung dos años antes de tomar mi año de descanso, y ahora creo que fue el principal disparador de un instenso proceso de transformación personal que llegó a su clímax durante dicho año. Al principio, mientras más practicaba Nei Kung, más sentía esa astilla en mi mente: una disatisfacción profunda con la ciudad en la que vivía y el trabajo al que me dedicaba, a pesar de los privilegios materiales que me brindaban. Una sensación vaga, pero persistente, de que los dos representaban algo que estaba retorcidamente mal en el mundo. Ésa sensación fue la que definitivamente me convenció de que tenía que pasar la página y dejarlo todo atrás.

Mi curiosidad incial con el taoísmo empezó muchos años atrás, pero se limitó exclusivamente a sus prescripciones en cuanto a salud y vitalidad física. El único texto sobre taoísmo que leí por esos días fue un libro sobre filosofía médica China de un autor bastante new age, por lo que nunca me hubiese podido imaginar el impacto que el Nei Kung iba a tener en la manera como abordaría la espiritualidad o la política.

El antiguo maestro taoísta Zhuangzi creía que la debilidad del hombre provenía principalmente de su naturaleza social, que lo hace excesivamente dependiente del lenguaje y de nociones socialmente construídas del bien y del mal, distrayéndolo de su brújula moral interna. Quizás por eso, en esa época al entrenamiento físico daoísta se le denominaba “entrenamiento interno”, la meditación presumiblemente formaba parte importante del mismo, y su objetivo principal era “vaciar la mente” de esas construcciones sociales para permitirle a uno reconectar con una profunda fuente de intuición moral esclarecedora.

Durante este largo proceso de despertar he explorado temas que en otro momento solía descartar debido a sus connotaciones sociales negativas. Por ejemplo, si un autor era considerado por la mayoría como “extremista”, simplemente lo descartaba sin ni siquiera leer o escuchar una palabra sobre su discurso.

Pero si lo que Zhuanzi decía es verdad, debe haber sido el Nei Kung lo que destapó mi curiosidad hacia movimientos políticos alternativos.

Ha sido un camino intelectual largo y tortuoso, en el que descubrí mucha gente interesante y movimientos con los que, para mi sorpresa, terminé simpatizando mucho más de lo que jamás hubiese podido con ninguno de los movimientos políticos dominantes hoy en día que conozco.

Sin embargo, la mayoría de la gente y los movimientos políticos que descubrí no me terminaban de cuadrar del todo. Por ejemplo, gente como G. Edward Griffin, Adrian Salbuchi, Alex Jones y otros dentro de lo que se podría denominar el movimiento anti “Nuevo Orden Mundial” en mi opinión hacen críticas muy acertadas sobre cómo funciona el mundo, pero también estoy en desacuerdo con muchas de sus ideas en economía, su tendencia a ir demasiado lejos con las teorías conspirativas, y en el caso de Adrian Salbuchi, sus opiniones sumamente conservadoras en cuanto a los derechos de los homosexuales y otros temas sociales importantes.

No fue hasta hace poco que me encontré con un movimiento con el que me siento plenamente identificado en prácticamente todos los temas que plantea: el mutualismo, una variedad de anarquismo también conocida como “libre mercado anticapitalista,” o como una rama de lo que suele llamarse “libertarianismo de izquierda.”

No voy a expandirme sobre las particularidades del mutualismo en esta entrada. Eso lo haré durante las próximas semanas, publicando en este blog las asignaturas de un curso que voy a tomar en el centro Centro para una Sociedad sin Estado (Center for a Stateless Society). El link anterior es un buen lugar para empezar a aprender sobre el tema, pero antes quiero aclarar algo: el anarquismo no es lo que la mayoría de la gente cree que es. Estoy seguro que cualquier persona que se tome el tiempo para leer la literatura básica sobre el tema se dará cuenta que el anarquismo no tiene nada que ver con las connotaciones negativas con las que normalmente se le asocia. De nuevo, la actitud correcta en estos temas es la de Zhuangzi: abordarlos con una mente abierta, sin dejarse llevar por arrebatos prejuiciosos.

Hay decenas de variedades de anarquismo esparcidas por el mundo, muchas en confrontación ideológica entre ellas mismas, pero en lo que todas coinciden es que la sociedad funcionaría mucho mejor sin la institución que conocemos como el estado.

Si tu reacción inicial es pensar que se trata de otra forma más de utopianismo, ten en cuenta que la mayoría de los autores anarquistas que he leído son muy claros en rechazar la noción de utopía desde el principio. Según su manera de ver las cosas, en una sociedad anarquista seguiría existiendo el crimen, el desperdicio y la injusticia, pero reducidos a su mínima expresión, ya que ellos ven en el estado a la causa institucional básica de estos problemas sociales.

También puede que seas de la opinión de que el estado contribuye al bien de la sociedad en el sentido en que la mayoría de los movimientos políticos de izquierda lo proponen, y que eliminarlo ocasionaría un caos social. A ésto solo puedo responder que el mutualismo puede ser un campo interesante para explorar argumentos opuestos a esa creencia, e ideas alternativas sobre organización social que buscan alcanzar los objetivos con los que tanto te identificas a través de medios totalmente diferentes, o incluso opuestos, a los que estás acostumbrado a considerar.

En cualquier caso, si haz leído hasta aquí sin que te ahuyentasen mis esotéricas cavilaciones taoístas, estoy seguro que podrás tolerar mis reflexiones anarquistas… aunque no estés de acuerdo con absolutamente nada de lo que digo.