Por: Tommaso Biagi. Artículo Original: The Ethics of Limit,15 de marzo de 2026 Traductor: Rickard Mach.
Tommaso Biagi – Investigador independiente en filosofía moral y política
“Yo no te gobierno y tú no me gobiernas”.
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La Contradicción Silenciosa de Toda Civilización
Toda civilización – impecable, perfecta en su composición e intención – se asienta sobre una contradicción silenciosa: Amamos la libertad. Sufrimos la dominación.
Lo justificamos como “autoridad necesaria”, “orden público” o “contrato social”. Aceptamos las cárceles “por seguridad”, el trabajo asalariado “por el desarrollo” y la coacción psiquiátrica “por la salud”. Es siempre la misma historia. Una minoría sufre, la mayoría vive “mejor”.
¿Pero mejor para quién? El que grita de agonía y el que sonríe de comodidad no perciben la suma. Ninguna conciencia individual percibe la totalidad. El “bien común” es la ficción escrita por aquellos a quienes les conviene.
Y este es mi punto de partida ético: la suma no cuadra. El sufrimiento no cuadra. No se puede restar el infierno de uno de la felicidad de otro. Una vida torturada no desaparece – existe, en algún lugar, invisible –, pero existe; no se borra. Pero no es como si hubiera algún contable divino que sumara sufrimientos y placeres para lograr un equilibrio ético.
Una vez que aceptamos esto, todos los sistemas de dominación fracasan inevitablemente. El Estado, el Capital, la Prisión… – todos ellos existen como sistemas coercitivos basados en la idea de que el sufrimiento de algunas personas es un coste aceptable a cambio del orden y el beneficio. No se trata de una crítica al libre intercambio entre iguales, sino a la dominación económica que convierte la cooperación en servidumbre – todos ellos se sustentan en un cálculo que considera tolerable el sufrimiento de unas pocas personas a cambio de una situación más que incómoda. Pero si el sufrimiento de una sola persona no se puede sumar ni restar, entonces ningún rey, ningún órgano parlamentario, ningún policía ni ningún consejo de administración tiene derecho a convertir la vida de otra persona en un auténtico infierno “por una buena causa”.
Y de ahí surge mi teoría: La Ética del Límite.
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De la No Separación a la No Dominación
Lo primero que hay que admitir es – y esto es básico – la existencia separada. Somos conciencias separadas. Yo no siento tu dolor; tú no sientes mi placer.
Esto no es poético; es metafísico. Si nuestras experiencias están separadas, entonces no existe ninguna aritmética moral que permita combinarlas. Mi placer no puede “compensar” tu tortura porque tu tortura continúa en otro plano.
Una vez que deducimos ese hecho de la existencia, llegamos a una conclusión éticamente devastadora: no hay cantidad de felicidad colectiva que justifique un infierno intencionado.
Esta es la prioridad léxica del no sufrimiento: evitar el infierno es lo primero. Sin concesiones. Sin “males necesarios”. Sin cálculo ético que plantee la agonía de otra persona como un coste.
Cuando descartamos esto – algo muy frecuente hoy en día –, construimos el Estado moderno. Institucionalizamos la percepción de que cierto sufrimiento es aceptable si redunda en interés de la mayoría. Pero, dado que la “mayoría” no siente ese sufrimiento, ese razonamiento no se sostiene.
Gobernar – determinar quién debe sufrir – no tiene sentido lógico alguno. No se puede facilitar el gobierno al tiempo que se reconoce a cada uno como sujeto independiente y se trata su sufrimiento como un recurso comunitario.
Y así surge el Principio de No Gobierno:
Yo no te gobierno y tú no me gobiernas.
No porque me preocupe sentimentalmente por ti, sino porque es lo que tiene más sentido desde el punto de vista ético.
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La Libertad Requiere Escudos
Si la libertad significa algo, significa la libertad de decir no y vivir. Por lo tanto, la libertad requiere Escudos: las condiciones sociomateriales que facilitan el rechazo sin que ello suponga la ruina.
Renta básica. Asistencia sanitaria básica. Vivienda o alojamiento básico. Tiempo libre o educación básica. No son lujos, son condiciones previas para la libertad. Sin ellas, cada elección conlleva implícitamente la necesidad de sobrevivir.
Un trabajador no puede permitirse dejar su empleo. Un preso no puede permitirse decirle a su abogado de oficio que se mantenga al margen. Una madre no puede permitirse descansar o recuperarse sin una guardería.
No hay libertades sin Escudos – al igual que no hay oportunidades para expresarse sin aire – posibles en teoría, pero imposibles en la práctica. Cualquier libertario que se preocupe por la autonomía debe acoger esto con agrado: La Libertad requiere Escudos iguales. Sin esta simetría, la sociedad se convierte en una prisión con las puertas abiertas, pero con el suelo derretido bajo sus pies.
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El Poder es la Negativa
El poder no se limita a los parlamentos ni a la policía. El poder existe en cualquier lugar donde alguien pueda decir “no” y otra persona no pueda hacerlo – con seguridad –.
El poder reside en el jefe, el burócrata, la pareja, el profesor… – la dominación existe por las asimetrías de riesgo. La prueba definitiva de la equidad no es la posesión, sino cuánto poder puede cada parte negar a la otra.
Cuando digo “no” a la explotación, ¿me quedo sin hogar? Cuando tú dices “no” a la autoridad, ¿sobrevives? La justicia no reside en la distribución, sino en la negación simétrica; la justicia existe cuando decir “no” cuesta lo mismo a todos – e, idealmente, no le cuesta nada a nadie –.
Esto redefine la igualdad – no se trata de poseer bienes, sino de tener la capacidad recíproca de alejarnos del desastre sin que ninguno de los dos se quede sin hogar.
La solidaridad tiene sentido desde un punto de vista racional – no sentimental –, porque si la coacción te devora, luego vendrá por mí. Solo soy libre si tú también lo eres.
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La Violencia y la Ética de la Defensa
El anarquismo se estremece cada vez que surge la posibilidad de la violencia: ¿cómo erradicar la dominación sin recrearla? ¿Cómo defenderse sin caer en la tiranía por otros medios?
La Ética del Límite distingue entre:
1 La violencia de la dominación crea un infierno – tortura, trabajos forzados, inanición, encarcelamiento.
2 La violencia del límite interrumpe ese infierno – detiene la merma de la capacidad de actuar que ya se ha producido y elude la dominación que ya está en marcha.
La primera es coercitiva; la segunda es un acto de rechazo – el cuerpo que golpea a la mano que lo estrangula recuerda que aún se mueve.
Pero la Violencia del Límite debe ir acompañada de normas:
1. Se detiene cuando el agresor se detiene.
2. No castiga, ni regula, ni avergüenza al agresor.
3. No crea nuevos infiernos en el proceso para sustituir a los antiguos que se han perdido.
Entonces la revolución puede ser humana; La Ética del Límite da un sentido coherente a la resistencia: uno no lucha contra personas, sino contra un potencial que podría crear tiranía en primer lugar; el tirano no es el enemigo; la tiranía en sí misma lo es.
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Sociedades que No Pueden Dominar
Si la dominación es incoherente, entonces la política debe ocuparse de crear sistemas que no puedan dominar – y yo los denomino Zonas Autónomas Federadas (FAZs) –, sistemas estructurados en contra del poder mismo:
• Representación limitada – los delegados tienen mandatos imperativos y pueden ser destituidos en cualquier momento
• Rotación obligatoria – ningún cargo puede ocuparse el tiempo suficiente como para acumular autoridad
• Federalismo horizontal – las asambleas se coordinan sin dar órdenes
• Lentitud deliberada – ninguna urgencia moral prevalece sobre la reflexión ética relativa a los Escudos que defienden la libertad.
No se trata de utopías; ya existen hoy en día en formas fragmentadas: cooperativas de trabajadores, redes de ayuda mutua, comunidades descentralizadas… – La Ética del Límite les proporciona un lenguaje común – una filosofía de la no-gobernanza. Su eficacia en cuanto al atractivo ético-social es secundaria; su capacidad para evitar la creación de infiernos a raíz de una decisión concreta es el criterio por el que se mide el éxito de una sociedad moral.
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Significado de La Libertad y La Justicia
La Ética del Límite no es una nueva construcción ideológica; es una reflexión sobre cada una de las ocasiones en las que, erróneamente, permitimos la dominación bajo el pretexto del orden. Cuando el político afirma que “algunos deben sufrir por el progreso”, la Ética del Límite niega que eso sea progreso en absoluto; cuando el director ejecutivo afirma que “no podemos permitirnos la justicia”, ella responde que él no puede permitirse la moralidad; cuando el filósofo cree que “este es el mal menor”, ella le reprende por reconocer el mal como forma de gobierno en su conjunto.
¡La libertad comienza donde termina el gobierno – no cuando caen los tiranos, sino cuando el propio gobierno es una realidad impensable –, cuando la dominación se convierte en una contradicción en sí misma, cuando el sentimiento antiautoritario se convierte en una forma de vida coherente! La sociedad sin Estado y sin dominación no es ciencia ficción; ¡es simplemente la única vida posible con sentido común! La filosofía nos debe más que una utopía o un paraíso – solo esto: ¡la prevención del infierno!
¡La libertad comienza donde el sentido común niega la dominación!
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