El Estado, señor de la droga
The following article is translated into Spanish from the English original, written by Kevin Carson.

Creo que uno de los argumentos más poderosos contra la Guerra a las Drogas es la hipocresía de los Estados involucrados. Los representantes principales del tema por parte de los gobiernos saben que no están impidiendo el uso de la droga. Más bien, el Estado (sobre todo los servicios secretos que operan en el exterior) tiene el mismo interés que cualquier otro narcotraficante en que la droga sea ilegal, ya que eso la mantiene a un precio elevado, precio al que elementos como la CIA podrán vender su mierda para financiar a sus matones preferidos.

Por supuesto, tanto el Congreso, la Casa Blanca, la Oficina de Políticas para el Control de Drogas, etc. tienen su cuota de tontos útiles que apoyarán la ilegalidad del comercio de drogas por razones morales, sin entender a quién beneficia esa prohibición. Sin embargo, los actores que realmente juegan un papel en el asunto, apoyan la prohibición del tráfico de drogas del mismo modo que Al Capone apoyaba la del comercio de alcohol.

Tanto en el Triángulo Dorado de la antigua Indochina, como en la financiación de las Contras nicaragüenses con la venta de Crack, como los lazos de la CIA con Walid Karzai y su negocio del Opio en Afganistán, la historia se repite como el leitmotiv de una ópera wagneriana.

Cuando Rothbard aseveró que los gobiernos son mafias no estaba utilizando una figura retórica. Recordar eso le ayudará a evitar la cultura del “poli bueno” que mucha gente ha absorbido acríticamente. Por otro lado, si alguien se sigue escandalizando con noticias como la de Karzai, en la cual otro criminal a escala mundial está a sueldo de la CIA, esa persona debería reevaluar su visión del mundo.

La próxima vez que el Estado estadounidense y sus medios adictos (es recomendable consultar el modelo de propaganda mediática descrito por Noam Chomsky y Edward Herman) intenten fabricar un pretexto para una nueva guerra en base a lanzar mensajes de pánico hacia el siguiente Hitler de la semana, prepárese para descubrir que es probable que ese indeseable haya estado cobrando de los fondos de la CIA durante décadas.

En relación con el modelo de propaganda, es interesante recordar la cobertura mediática que se realizó sobre la guerra rusogeorgiana del año pasado. Toda la culpa se hizo recaer sobre los “agresores rusos”, pero ¿alguien recuerda que fue Georgia la que comenzó las hostilidades invadiendo una provincia cuya independencia estaba garantizada por tratados internacionales y que se disparó a una misión de paz rusa? ¿Alguien recuerda el papel del Instituto Internacional Republicano, la Fundación Nacional para la Democracia o la Fundación Soros a la hora de forjar las revoluciones de colores como la georgiana? ¿Contextualizó alguien esas revoluciones como un intento de Oceania de rodear a Eurasia, en términos orwellianos? Más bien no.

Los servicios secretos estadounidenses colaboraron en el golpe que llevó a Saddam Hussein al poder. Usted los habrá oído clamar que “usó armas de destrucción masiva contra sus vecinos”: claro, si las utilizó contra Irán en los 80 (por cierto, ¿a quién apoyaba EEUU por aquel entonces?). Como bien dice el chiste, Estados Unidos sabía que Saddam tenía armas de destrucción masiva porque conservaba las facturas.

Si Satanás fuera un cliente de la CIA que dejara de ser útil o se rebelara contra Washington, puede usted apostar la vida a que al día siguiente un portavoz de la presidencia, o un Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU, empezaría a contar las terribles cosas que “acaban de descubrir” que se produjeron en el Infierno. Y más tarde aparecería una foto de Donald Rumsfeld estrechando la mano con el Diablo veinte años antes.

Cualquier cosa que usted vea en los medios del mainstream está realizado al estilo de los Cinco Minutos de Odio de 1984.

Repito: ¡libere su mente! No existe un poli bueno, y lo que el gobierno de los Estados Unidos hace fuera de sus fronteras no tiene nada que ver con la libertad o la democracia. Se trata simplemente de conservar el poder, y en ese empeño el Estado estadounidense ha instalado en la poltrona o ha defendido a algunos de los peores monstruos de la historia.

Artículo original publicado por Kevin Carson el 30 de octubre de 2009.

Traducido del inglés por Joaquín Padilla Rivero.

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