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Rothbard pervierte las ideas de Marx
The folowing article is translated into Spanish from the English original, written by Erick Vasconcelos.

Michelle Fransan, del Instituto Liberal de São Paulo, publicó un artículo esta semana (“Marx ea defesa da prostituição Forcada“, Liberzone, 13 de mayo) que supuestamente “demostró” que Marx abogó por la disolución de la familia y la prostitución forzada y generalizada. Es un viejo meme que se niega a morir. También es una mentira que me obliga a ponerme en el incómodo rol de defender a Karl Marx.

Esta afirmación es reciclada periódicamente por fanáticos anticomunistas que no se conforman con criticar las ideas reales de Marx, sino que tienen que apelar a lecturas erróneas de cartas oscuras como materia prima para producir titulares sensacionalistas que sirvan como carnada para generar clicks en las redes sociales.

Como de costumbre, Murray Rothbard es el culpable de esta situación. En su Historia del Pensamiento Económico (volumen 2), cita erróneamente y malinterpreta salvajemente a Marx, en un intento de presentarlo no solo como si hubiese abogado por poco menos que la violación colectiva, sino también como si hubiese sido perfectamente consciente de que su sistema pretendía destruir la individualidad de todos.

Hace un par de años, un extracto del libro fue publicado en el sitio web del Mises Institute brasileño, disparando una serie de artículos como el refrito de Fransan y cientos de imágenes de Facebook que pretendían demostrar que Marx de verdad era la encarnación del demonio. En este artículo voy a tratar de presentar una lectura precisa de sus puntos de vista.

(Como nota al margen, también debo decir que parte del problema se debe a las ridículas “traducciones” publicadas por Mises Brasil, si es que pueden llamarse traducciones. En un esfuerzo por hacer sus artículos aún más indignantes y, por lo tanto, compartibles, sus editores se abocan a modificar sustancialmente el texto de cada artículo que publican. Esa es una de las razones por las que este artículo tuvo tanto éxito. Por lo tanto, Mises Brasil carece de toda credibilidad como fuente. En este caso, expandieron los argumentos de Rothbard e incluso extendieron las citaciones. Lo que es aún más frustrante es que nunca aclaran quién escribió qué sección; simplemente mezclan lo que escribe el editor con el original. Por lo tanto, los artículos de Mises Brasil tienen que entenderse como supercuts en lugar de traducciones, y cualquier persona que valore la precisión más que la propaganda tendría que evitarlos como la peste.)

En cualquier caso, Rothbard habla de “comunismo crudo” como lo describe Marx. Según Rothbard, el “comunismo crudo” es la primera etapa de la revolución de Marx (la dictadura del proletariado). Esto es falso. Marx describe el comunismo crudo negativamente para luego oponerse a él. Marx afirma que algunos autores comunistas no fueron lo suficientemente lejos en su denuncia de la propiedad privada, por lo que sus teorías no fueron capaces de superarla, por más que intentaron “generalizarla”. A continuación cito extensamente el artículo de Rothbard:

Cabe destacar que Marx ciertamente estuvo de acuerdo con la representación de la primera etapa de la sociedad posrevolucionaria propuesta por Proudhon, y en particular por Stein, y estuvo de acuerdo con Stein en llamarla “comunismo crudo”. Stein pronostica que el comunismo crudo sería un intento de hacer cumplir el igualitarismo expropiando y destruyendo la propiedad salvaje y ferozmente, confiscándola, y comunizando coercitivamente tanto a las mujeres como a la riqueza material. De hecho, la evaluación de Marx del comunismo crudo, la etapa de la dictadura del proletariado, era aún más negativa que la de Stein:

“De la misma manera que la mujer debe abandonar el matrimonio a favor de la prostitución general [es decir, universal], la totalidad del mundo de la riqueza, es decir, el ser objetivo del hombre, abandonará la relación de matrimonio exclusivo con el dueño de la propiedad privada a favor de la relación de prostitución general con la comunidad”.

No solo eso, sino que tal como el profesor Tucker lo señala, Marx reconoce que

“El comunismo crudo no es la trascendencia real de la propiedad privada sino oólo la universalización de la misma, no es la superación de la codicia sino solo la generalización de la misma, y ​​no es la abolición del trabajo sino solo su extensión a todos los hombres. No es más que una nueva forma en la que la vileza de la propiedad privada sale a la superficie”.

En resumen, en la etapa de comunización de la propiedad privada se maximizan lo que el propio Marx considera que son las peores características de la propiedad privada. No solo eso, sino que Marx reconoce la acusación de los anticomunistas de entonces y de ahora de que el comunismo y la comunización no son sino la expresión, en palabras de Marx, de la “envidia y el deseo de someter a todos a un nivel común”. Lejos de llevar a un florecimiento de la personalidad humana como el que Marx supuestamente promovía, admite que el comunismo la niega totalmente. Así, Marx:

“Al negar por completo la personalidad de los hombres, este tipo de comunismo en realidad no es nada más que la expresión lógica de la propiedad privada. La envidia general, constituyéndose como poder, es el disfraz en el que la avaricia se restablece y satisface a sí misma, solo que de otra manera … En el enfoque de la mujer como botín y esclava de la lujuria comunal se evidencia la degradación infinita en la que el hombre existe para a sí mismo”.

En definitiva, el comunismo crudo según Marx es muy parecido a los monstruosos regímenes impuestos por los anabaptistas del siglo XVI.

El profesor Tucker añade, quizá subrayando lo obvio, que “estas vívidas indicaciones en los manuscritos de París de la forma en que Marx previó y evaluó el período posrevolucionario inmediato, muy probablemente explican la reticencia extrema que él siempre mostró más tarde sobre este tema en sus escritos publicados”.

Es lamentable que Rothbard se base tanto en fuentes secundarias (en este caso, el trabajo de Robert Tucker), porque su interpretación es completamente bizarra.

Marx describe el comunismo crudo en esos términos porque lo opone a su propio comunismo científico. Según Marx, el comunismo crudo conduce a resultados repulsivos porque no significa el fin de la propiedad privada, sino su transformación en propiedad común.

El lector no tiene por qué creerme. Las fuentes primarias están a su alcance. La fuente de estos textos es un manuscrito inédito de Marx que fue citado en el libro Comunismo y matrimonio de David Riazanov. Lamentablemente no pude encontrar una versión en inglés en línea, pero el siempre útil archivo de Marxist.org tiene disponible una versión en portugués que traduzco a continuación (no se preocupe: yo sigo una estricta política de traducir realmente lo que el autor escribió, a diferencia de Mises Brasil):

[Tuve] la suerte de encontrar un manuscrito de Marx en el que critica al llamado comunismo “crudo”, no sólo con respecto a la propiedad privada, sino también en relación al matrimonio. Pido disculpas de antemano por la larga cita:

En cuanto a la propiedad privada, en su origen, que el comunismo esté en su forma primitiva significa la generalización y la abolición de la propiedad privada. Hay dos aspectos con respecto a esta abolición: por un lado, se exagera el papel y la dominación de la propiedad material al punto que tiene la intención de destruir todo lo que no sea capaz de generar fortuna y la propiedad privada de todos; tiene la intención de suprimir por la violencia las capacidades individuales, etc. La posesión física aparece como el único principio de la vida: la actividad del trabajador no es abolida, sino que se extiende a todos los hombres.

La propiedad privada sigue siendo las relaciones colectivas en el reino de las cosas; este movimiento que pretende oponer la propiedad privada a la propiedad privada transformada en común se expresa de una manera muy animalística cuando se opone al matrimonio (que, evidentemente, es una forma de propiedad exclusiva) a favor de la comunidad de mujeres: cuando las mujeres se convierten en propiedad colectiva y abyecta. Podemos decir que esta idea de propiedad común de las mujeres revela el secreto de este comunismo en bruto y sin alma. De la misma manera que las mujeres abandonan el matrimonio a favor de la prostitución en general, el reino de la riqueza, es decir, la esencia objetivada del hombre, se transforma de matrimonio exclusivo con la propiedad privada a la prostitución en general con el colectivo. La prostitución no es más que una expresión particular de la prostitución general del trabajador, y como la prostitución no se limita a los prostituidos, sino que abarca también a los que prostituyen (cuya abyección se hace aún más grande), el capitalista también está presente en esta categoría, etc. Este comunismo, que niega toda la personalidad humana, no es más que una expresión de la propiedad privada que niega.

La mujer, considerada como presa y objeto que sirve a la concupiscencia colectiva, expresa la degradación infinita del hombre cuando ella existe por sí misma, ya que el misterio de la relación del hombre con el otro se expresa de manera inequívoca, de manera decisiva, francamente, en las relaciones del hombre y la mujer, y en las formas de entrar en estas relaciones naturales y directas. . . .

Por lo tanto, la primera forma de abolición positiva de la propiedad privada, el comunismo crudo, no es más que la vulgarización de la propiedad privada tratando de afirmarse como una estructura social positiva.

Si bien Marx es ciertamente difícil de leer e interpretar (y, naturalmente, traducir), y aunque la cita anterior no fue publicada, parece claro que Marx se opuso al comunismo crudo. Para él no es la primera etapa de la revolución, sino un sistema comunista inferior en comparación con el suyo. Y ¿por qué es inferior a su propia versión? Porque, según él, daría lugar a una “vulgarización” de la propiedad privada en lugar de su abolición. No sería superar el trabajo, sino convertir a todo el mundo en trabajador; no aboliría el matrimonio como propiedad, sino que generalizaría las relaciones matrimoniales (lo que llevaría a la prostitución generalizada).

Marx también, a pesar de las afirmaciones de Rothbard, parece bastante sensible al hecho de que el comunismo que él describe tendría que emplear la violencia para suprimir la personalidad individual. Y, de nuevo, Rothbard (probablemente siguiendo a Robert Tucker), dedujo del texto exactamente lo contrario de lo que quería decir Marx.

Como he dicho al principio, me siento un poco incómodo teniendo que escribir algo como esto, ya que no soy marxista. Sin embargo, siento la necesidad de aclarar las cosas, sobre todo cuando el tipo de información falsa que Rothbard contribuye a perpetrar es presentada reiteradamente en círculos libertarios y anarquistas de mercado.

Ni siquiera tenemos que abstenernos de criticar los escritos que citó el propio Rothbard.

Podríamos decir que la distinción que hace Marx entre el comunismo crudo y el comunismo científico es falsa; que su propia versión traería los resultados indeseables que describió; que abolir toda la propiedad privada es una quimera.

Pero no hay que decir que abogó por el comunismo crudo, o la prostitución general, o la violación colectiva, o la represión y la violencia de la personalidad individual. Porque no lo hizo.

Con demasiada frecuencia nos dejamos llevar por las narrativas compartidas una y otra vez en Twitter y Facebook. Es una pena que la gente recurra a estos argumentos baratos, porque, en realidad, no es tan difícil encontrar agujeros en el marxismo.

Artículo original publicado por Erick Vasconcelos el 15 de mayo de 2015.

Traducido del inglés por Carlos Clemente.

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