Center for a Stateless Society
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Cárceles: Abolición, no Privatización

The following article is translated into Spanish from the English original, written by Brad Spangler.

Uno de los retos más difíciles que los libertarios enfrentan a la hora de la propaganda a las privatizaciones es el de las prisiones.

Hay una buena razón para ello. El libertario sincero, sea anarquista o un reformista confundido, aspira a dos cuestiones:

1) Abrir la competencia en las funciones del estado que ésta monopoliza, pero que no son inherentemente criminales en sí mismas.

2) Abolir todas las funciones del Estado que violentan el Principio de la No Agresión, inherentemente criminales.

Esta no es una función más que dejaría de ser pesadillezca si escapa de la gestión estatal.
Hay una razón:

Las cárceles en sí, tal como entendemos el término hoy en día, son empresas naturalmente abusivas y criminales – ya sean gestionadas directamente por el estado o por un “privado” contratado por este.

¿Eso significa que no habrá nada similar a las prisiones en una sociedad anarquista de mercado? Sí y no. El contexto es importante. Realmente estamos hablando de dos cosas diferentes – “privatización” bajo el régimen estatista actual no es lo mismo que lo que probablemente resultará en el mercado si abolimos el estado y la “ley” emergiese de un libre mercado para la resolución consensual de disputas, con un concepto de justicia basado en la restitución, no en el castigo.

Bajo el estatismo corporativo, se le paga a un privado con dinero robado por el estado para mantener el mismo esquema institucional opresivo (en un entorno en el que las grandes empresas son de mil formas privilegiadas por el favoritismo político). El cliente paga y al cliente hay que obedecer. Cuando el cliente está legalmente privilegiado -de tal forma que el estado y sus empresas amigas pueden imponerle cosas a la gente sin su consentimiento -, por supuesto que deben esperarse resultados monstruosos. Es toda una cuestión de incentivos económicos.

Los anarquistas de mercado daríamos la cuelga al problema de incentivos y haríamos del preso un cliente. En serio. Realmente aboliríamos el sistema carcelario actual (y medianamente en línea con el pensamiento anarquista tradicional sobre el tema).

Si de cierta forma hay comparación posible entre este sistema y las cárceles, digo que son una suerte de hoteles custodiados para la gente que se encuentre trabajando para restituir sus deudas.

Es decir, los residentes estarían allí porque éste sería el mejor lugar en el que pudiesen estar – porque nadie más los querría a su alrededor.

¿Conoces esas concesionarias de automóviles que ofrecen una “segunda oportunidad” financiando a personas con mala calificación crediticia? Bien, ahora imagina un esquema de “segunda oportunidad” en residencias especiales para las personas con malas calificaciones legales.

El “prisionero” (residente, en realidad) es libre de irse en cualquier momento. Serían clientes. Seguramente el alojamiento no es un lujo, pero nadie quiere soportar un trato inhumano. En un mercado libre para tales servicios, estas “cárceles privadas” competirían entre sí para persuadir “internos” para entrar a vivir. Si algún lugar comienza a abusar de ellos, la gente se muda y punto.

Artículo original publicado por Brad Spangler, el 13 de julio de 2011.

Traducido del inglés por Nicolás Morás.